MUNDO

EL ACTO SUBLIME

Tal vez escuchaste la frase que dice: «Haz el bien sin mirar a quién». Sin embargo, el tiempo en el que vivimos parece preferir ésta otra: «Haz el bien a quien pueda devolverte el favor». ¿Qué sería de nosotros si perdiéramos la capacidad de dar gratuita y desinteresadamente? Me temo que inutilizaríamos una de las capacidades más sublimes del ser humano: la de amar. 19 ENE 2017 El Acto sublime. BLOG CTP

La gratuidad brota de nuestra capacidad de amor. O mejor dicho, es una de las maneras, por no decir la mejor, de expresar el amor. En la gratuidad se revela de alguna manera la calidad del amor que nos habita y el espacio que éste ocupa en el corazón.

Nos encontramos en un momento de transición entre dos tiempos litúrgicos muy importantes. Uno, es la celebración del nacimiento del Hijo de Dios, y el otro, es la Pascua. Ambos revelan un mismo y único amor expresado de diferentes maneras. El primero revela el abajamiento, el segundo, la ofrenda. Cuando nos situamos ante el pesebre en la Navidad, o ante la cruz del Viernes Santo, hay una pregunta que resuena fuertemente: « ¿Hasta dónde estás dispuesto a dar por amor?».

La gratuidad es la chispa que mantiene encendido el fuego del amor en nosotros. En cada gesto desinteresado de servicio, se actualiza el amor. Y como consecuencia de esa dinámica interior gratuita, desterramos el egoísmo y la indiferencia del terreno del alma. 

Dios sería para nosotros un total desconocido si no supiéramos cultivar la gratuidad. El amor manifestado en la noche de Navidad y en la cruz del Viernes Santo, hace evidente que Dios es Don gratuito. No busques recompensa ni reconocimiento de los demás cuando haces el bien, hazlo sencillamente. En ese gesto de ayuda desinteresado, estas siendo epifanía de un Amor que viene de lo alto. 

Si te aferras al reconocimiento de los demás por los favores que haces, tu corazón quedará anclado en las recompensas pasajeras. ¡Ensancha tus fronteras interiores! Destierra de tu corazón el egoísmo y la indiferencia. ¿Estás dispuesto a ayudar sin buscar el “aplausos” de los otros? Hacer el bien a aquellos que tal vez nunca te lo agradezcan, o quizás ni siquiera se enteren del bien que les has hecho, es un acto sublime de amor semejante al amor desinteresado que Dios te tiene. 

Javier Rojas, SJ
Director Regional de la Red Mundial de Oración del Papa
Argentina-Uruguay-Paraguay

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